domingo 20 de julio de 2008

Batman: The Dark Knight




Actuaciones sólidas. Actuaciones sólidas. Cuando voy al cine lo que me importa además de la trama es que los actores me hagan olvidar que son actores y me demuestren que todavía me puedo creer que son lo que están representando. Olvidar la representación. Ser la representación. Entonces: primero la trama, luego, las actuaciones. Que el todo se componga de partes que completen un armónico entramado. Esa, en resumidas cuentas, es mi visión del cine y de cualquier cosa que se componga de una trama y personajes, ya sea literatura o como les guste llamarlo. El tema principal es que nunca es fácil. No es fácil, digo, porque armar esa compleja y casi perfecta red lleva mucho tiempo y eso va en contra de uno de esos principios que hacen a hollywood lo que es hoy en día: una máquina de hacer películas en tiempo récord. O si no les gusta la formalidad, en criollo sería lo que llamamos la máquina de hacer chorizos. Pero más allá de cualquier cuestionamiento al "modelo hollywood" que nos llevaría interminables debates y que ,por otra parte, no conforma el motivo de esta reseña, me interesa comenzar así porque siento que Batman: Dark Knight, si bien es un elemento más de la industria hollywoodense fast foodesca, tiene un buen argumento, pero mejores actuaciones que argumento. Paso a explicar el punto: la película nos introduce en la historia de una forma bastante larga y el argumento no es taaan complicado: un grupo de mafiosos controla Ciudad Gótica y peligra su reinado a causa de Batman que los baja como muñecos de torta. El Joker se ofrece a los mafiosos para acabar con Batman. Y listo. No creo que sea necesario un introductorio de más de media hora en la que nos explican cómo y porqué. Esto es un mensaje para los directores: el público no es idiota (bueno, por lo general si lo es, pero no le hagan las cosas más fáciles, sino nunca se van acostumbrar a pensar un poco aunque sea). El argumento entonces, comienza un tanto débil, pero es increíblemente sostenido por las actuaciones que mantienen ese limbo del comienzo en un nivel más interesante que el simple aburrimiento. Y cuando uno ya quiere que explote todo ( ¡estamos viendo Batman! ¡que explote todo ya por dios!) ahí aparece lo mejorcito de la película que entra en un clímax muy interesante. Allí el argumento se equilibra junto con las ya buenas actuaciones y todo parece mucho más armónico, es decir, se acerca a nuestra red de la que al principio hablaba.

El punto de inflexión en Batman es un personaje que conjuga a la perfección argumento y actuación y que obviamente, no es Batman sino su contracara: el Joker. Si de actuaciones hablamos no es tan buena la de Nolan como Batman (un poco pacato y a veces durito) pero es lo mejor de la película la de su archienemigo: El Joker encarnado por Heath Ledger. Ahi viene la pregunta inevitable: ¿Es mejor que el de Jack Nicholson? Yo personalmente digo que no, pero no porque sea peor (de hecho a mi me gustó más este Joker) sino porque son distintas formas de encarar al personaje. El Joker de Nicholson era un ladrón al cual le había caído ácido en su cara y se burlaba de su destino y de todo lo que lo rodeaba. El de Ledger impacta porque su sonrisa se extiende no por producto del ácido, sino porque tiene dos cicatrices a los costados de la comisura de la boca que la extienden. Son dos heridas. Este Joker es un psicótico enfermo (muy enfermo), tiene la cara pintarrajeada de manera desprolija y sucia, se mezclan los colores en su rostro, es un personaje oscuro, completamente imprevisible y perturbado. Nicholson era un ladrón; Ledger un enfermo. Impresionante actuación. La película decae mucho cuando no está en escena. Michael Kane como Alfred, otro buen personaje y un correcto Gary Oldman que al final se desvirtúa un poco nomás. Resumo porque tengo sueño: sin la brillantez de Ledger esta película no sería lo que es. Veánla que está buena.




Puntaje: 8

miércoles 19 de diciembre de 2007

El hombre que volvió de las llamas




Muy bueno lo de Denzel Washington en esta película de acción sostenida por una trama sólida y una imágen de la puta madre.




Hombre en Llamas es una historia basada en un hecho real. El cine muchas veces apela a este recurso en el cual pareciera que la realidad intenta ser película, que “lo real” quiere tomar el mando de la situación en un reino que le es ajeno, el reino dominado por la ficción. Si bien este recurso es la mayoría de las veces un simple gancho para que el espectador se introduzca de lleno en la sala previo paso por su billetera, lo interesante es ver cuando el gancho se convierte en una excusa para hacer una buena película (odio la palabra “peli” y jamás la verán reflejada en este blog, salvo para defenestrarla). En un mundo en el cual parece que los recursos fílmicos del género se agotan día a día y se repiten los clichés (el tipo saliendo del fondo de una pileta con una metralleta, la minita que sabe karate pero es buena en el fondo, el chino que está de blanco y no hace nada pero como dice Homero Simpson “seguro va a hacer algo impresionante”) esta película imprime otro matiz a la cuestión. Hombre en Llamas, como bien lo dice el título, es un tipo que está caliente. Pero no que está un toque caliente, no, no, el chabón está en llamas ¿entendés?, está sacado boludo, le chupa todo la pija, esta prendido fuego, y rompe, tira, se planta con un estilo muy calmo y con un fin único que lo mueve a realizar todas estas cosas que realiza y que lo redime frente al público. Y digo que lo redime porque el espectador tiende a querer a un guardia de seguridad que intenta salvar a una nenita de una banda de políticos-narcos-superzoretes. Una excelente imagen, una fotografía muy cuidada (los colores son definidos y creo que hasta elegidos en cada escena) sumado a las actuaciones de un Denzel Washington que nació para ese papel y un excelentísimo papel secundario de Andy García (aparece poco, pero que bien le sale todo) hacen una película extremadamente buena, tal vez con un ritmo un poco lento para los que están acostumbrados al disparo constante. De la pendeja Dakota Fanning no hablo porque ya sabemos todo, ya sabemos que actúa bien y ya fue, listo, tampoco es para tanto. Igualmente ese ritmo del que venía hablando antes, es lo que le imprime el sello original al filme, que lo va llevando a donde quiere llegar, un lugar de venganza justificada, un lugar al que todo espectador ama, porque a quién no le gusta vengarse un toque alguna vez. Por último destaco la canción de Carlos Varela “una palabra” que acompaña ciertas partes cumbres de la película, sinceramente una de mis favoritas. Les aconsejo ver y escuchar hijos mios, y guarda con Denzel que está como loco.

Puntaje: 8

sábado 3 de noviembre de 2007

Eterno Resplandor de Una Mente Sin Recuerdos.






El tipo se quiere olvidar de una minita que le voló la cabeza. Para eso busca un doctor que borra recuerdos. El tipo se da cuenta que hay recuerdos que son imposibles de quitar. El mar, una casa vieja y grande como los recuerdos que alberga el pasado. Un ida y vuelta constante en que la noción del amor se confunde con la del tiempo y parecen la misma idea, la misma sensación de lo inminente que regresa una y mil veces. Jim Carrey es infinito en esta película; por sus gestos, demuestra que sabe gambetar el mote de payasito y se va al recontra carajo en los personajes dramáticos. Yo particularmente creo que es uno de los más grandes actores de es verga llamada Hollywood que tanto nos ha limado la cabeza por tantos años y de la cual resulta inútil querer escapar; igual que los recuerdos del protagonista de la película. Está bien mostrado el sentimiento del amor, bien llevado, como una extensa suspensión de algo que, si bien parece volátil, se asoma en ese punto cúlmine, en esa llaga donde te meten el dedo cuando estás dolido; el recuerdo y el amor son la misma cosa, la única diferencia sería que el tiempo se los come a los dos y ya no sabemos cual es cual. Eterno resplandor, es eso; un eterno resplandor. No se olviden de verla.


puntaje: 8.5

lunes 3 de septiembre de 2007

Copying Beethoven



Ed Harris se lleva todos los porotos en esta película que muestra un Beethoven realmente fascinante. Si Beethoven no era así, me quedo con la versión de esta película tan humana como creíble.
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¿Qué se puede decir de Beethoven que no haya sido dicho? Es un genio absoluto de la música, un revolucionario, un desquiciado que con el tiempo se vuelve completamente sordo y su genialidad sin embargo no se ve opacada, sino todo lo contrario, parece potenciarlo en un estado de éxtasis celestial que lo acerca más a ese Dios que le susurra en el oído, según sus propias palabras, las melodías mas perfectas. Beethoven es el primer romántico, aquel que sufre y crea , sufre y vuelve a crear, genialidad y sufrimiento van de la mano hasta parecer una sola cosa. En Copying Beethoven eso está clarísimo, y qué mejor que para un romántico que meterlo en medio de una historia de amor bastante imposible. Podría mencionar a Poe y su Leonore como el punto más elevado de amante enfermo que no encuentra la salida, podría mencionar tantos ejemplos pero creo que esta película no es solamente un ejemplo más. Copying, logra conmover, porque las actuaciones principales son potentes, tanto Diane Kruger (¡como Freddy!) como Ed Harris son terriblemente convincentes y mantienen un ritmo interesante en la película que siempre se mantiene e incluso llega a tener momentos vibrantes, justo cuando uno necesita esos momentos. No me interesa adelantar nada, pero creo que el punto cúlmine tiene que ver con la relación que Beethoven y su joven copista Anna Holtz establecen a lo largo de las escenas con un grado interesante de belleza. Sin embargo tal vez uno podría caer en el error de exigir un poco más de compromiso amoroso, ( de besos, bah) pero eso creo que es lo interesante, la falta de besos y apretujeo ( si, apretujeo) hace la cuestión mucho mas hermética, menos melosa y convierte al filme en algo no-lugar-comunesco. Me gusta, puede que sea un poco hollywodense, pero no importa.
Puntaje: 8.5

domingo 26 de agosto de 2007

El número equivocado.


23 es una película que no cubre con las espectativas, y se queda atorada en un mar de lugares comunes muy mal usados. Ni el genial Jim Carrey se salva esta vez.
Un número se convierte en la obsesión de una persona, hasta verlo en la sopa. En la calle, en los carteles, en los colectivos ( ¿por dónde pasa el 23 en capital? ¿alguien sabe?). Este sería un buen argumento para realizar un filme obsesivo y casi perverso, sobre la vida de un hombre común que de golpe y porrazo se desquicia con algo que no parece motivo suficiente, pero que siempre está ahí, al acecho, masticándole el coco. Si el director de 23 quiso hacer eso, creo que se quedó en la idea. Porque la película se sostiene únicamente en esa idea y si ya es difícil sostener una trama con una idea sola, cuando le pifiás dos centímetros se te va todo al carajo y a este tipo se le fue de las manos todo. No creo que la trama esté mal armada, sino que al estar sostenida solo por el tema de la obsesión, y ser un tema tan vasto para llevar adelante el desarrollo, la película se cae, hace agua, no puede sostener el puto número y hasta el propio número deja de ser importante. Si a esto le agregamos una actuación mediocre de la minita que hace de esposa de Jim Carrey y un personaje bastante inútil que ni siquiera mete miedo, como el "perro del infierno" ( si, un perro que tiene cara de bueno y lo hacen malo, ni el perro actúa bien, pero no es culpa del perro) estamos frente a una batata de película. Tal vez sea rescatable el ambiente que se quiere lograr, la estética oscura y las paredes escritas, pero ni siquiera eso, porque ya lo vimos, mucho mejor hecho, en pelis geniales como El resplandor que me da hasta verguenza nombrarla al lado de esta chotada. Como verán sigo con la postura de no contar los argumentos, por si alguno quiere ver esta película que desde ya no recomiendo, por el solo hecho de ser mediocre, de quedarse en el camino y no mostrar nada copado, ni siquiera Carrey que se luce en otras como Eterno Resplandor de una Mente sin Recuerdos y que me parece un gran gran actor; acá queda completamente deslucido porque la misma trama se lo come y todo parece una de esas películas baratas yanquis que quieren mostrarte al final algo que no esperás ( una tremenda PELOTUDEZ inventada por la nefasta Sexto Sentido). Buen, desastre.




Puntaje: 4


domingo 29 de julio de 2007

Los Simpsons: The Movie




Las voces no son las de antes, las voces no son las de antes… esa frase repetía en mi cabeza una y otra vez, cuando fui a ver este viernes Los Simpsons al cine. Mis ganas y felicidad por ver en pantalla grande a lo que yo considero, lejos, la mayor obra literaria del Siglo XX , chocaban con una piedrita en el zapato; la voz de Homero, la voz de Homero… repetía mi cerebro antes de entrar a la sala que ya estaba oscura. Amo a Los Simpson, así que no esperen objetividad de mi parte; es todo o es nada; y últimamente venía siendo nada, o casi nada, porque las temporadas eran una mierda, las ideas se habían perdido y los guionistas parecían copiar las ideas de las sit-coms yanquis que tanto detesto. El problema de las voces para el que no lo sabe, reside en que no son las originales que durante 15 temporadas acompañaron a los hablantes latinoamericanos ( suerte que no nos tocó ser gallegos! A Homero le dicen … Homer!). Esta sutil diferencia, sumado a las bajas producciones de las últimas temporadas, podría haber arruinado completamente mis esperanzas de que Los Simpsons: la película , sea un filme decente.
Señores, les digo algo, me equivoqué rotundamente. Los genios de la Fox ( y no es sarcasmo) hicieron que uno olvide el mal trago de la voz plagiada y lograron lo que para mi resultaba improbable, casi imposible: me hicieron reír muchísimo, como en las viejas épocas. Un Homero desopilante, potenciado al mango por el cruce de personajes delirantes y marcados gags constantes que si bien bordean el estereotipo simpsoniano y ya parecen vistos antes (sobre todo por los fanáticos de la serie como el aquí presente) no dejan de impresionar, de desbordar la pantalla de manera ácida e impecable. Los Simpsons, contra todo mi pronóstico de ver algo cliché o cansado, desbaratan sus propios límites y se potencian al infinito, al punto que la única voz doblada que me molestó un poco, fue la del Abuelo Simpson, apenas, dada su genial interpretación en pantalla grande. Constantes tomadas de pelo al sistema ( ¡miren quién es el presidente de los Estados Unidos!) y ácidas movidas que recuerdan a las viejas temporadas en que uno se aprendía los diálogos de memoria, cosa que con las últimas no venía sucediendo ni por asomo. Lo que pueda criticarse en parte, es la trama muy compacta en torno a la familia, que hace imposible o casi imposible generar el desarrollo de los demás personajes de Springfield que son riquísimos en la serie ( por ejemplo el Sr. Burns) pero este escollo es simplemente un fanatismo desmedido del que escribe por querer ver a todos haciendo cosas graciosas todo el tiempo, y eso no se puede. Gracias a Matt Groening por haberse peleado con su novia y en ese día hacer los bocetos de los seres más familiares y graciosos del planeta tierra y parece que tendremos Simpsons para rato.

Pd: no se vayan del cine cuando termine la película! Esperen los créditos y vean!.

Puntaje: 9

jueves 26 de julio de 2007

Little Miss Sunshine



¿Recuerdan a Proust? Si, Marcel, el escritor gay, al que nadie leyó en vida, aquel completo perdedor, tal vez el mejor escritor después de Shakespeare. Esto no lo digo yo, lo dice uno de los personajes y la reflexión que sigue también. Cuando Proust fue mayor y tuvo que hacer un balance de su propia vida, llena de decepciones en todos los niveles, concluyó que los únicos años que le sirvieron fueron todos aquellos en los que sintió dolor y fue infeliz, porque los que vivió feliz no los sintió y pasaron sin dejarle absolutamente nada. Esta idea Shopenaueriana ( el sufrimiento es lo único que nos hace dar cuenta que estamos vivos, porque la felicidad no se siente ) resulta el disparador de toda la trama de Little Miss Sunshine. Una familia que no cumple ni por casualidad con el american dream, deposita sus esperanzas de gloria en la integrante menor, de 7 años, a quién llevan al otro lado de los Estados Unidos para participar en un concurso de belleza. La familia no es normal, y el viaje menos; suceden cosas que irritan al espectador, los lazos familiares parecen ser increíblemente débiles, pero uno se va dando cuenta que tal vez sea todo lo contrario. Si el padre de la familia piensa que en el mundo solo existen dos tipos de personas, los ganadores y los perdedores, él se inscribe junto con los demás en la paradoja de decir lo que no son. Porque los Hoover son perdedores, tipos que no pueden llegar a nada, porque no tienen nada que los lleve a ninguna parte. Salvo la camioneta que usan y la niña que tienen. Con esos dos elementos llegarán como sea al concurso y verán hasta dónde se puede mantener como forma de vida algo que no es, una terrible mentira. Porque parece que no importara como llegar, parece que en el medio todo chupa un huevo, el objetivo es llegar y un ganador no duda, se comporta como ganador siempre y lleva a cabo lo que se propone, en un acto maquiavélico con todo lo que el término trae consigo. Obviamente lo mejor viene luego del viaje, con giros inesperados y hasta absurdos que luego de verlos siguen en tu cabeza resonando, como cuando resuena la verdad, lejos de algo que miente.
No me gusta contar los argumentos de las películas, creo que es mejor siempre dar una atmósfera que anime al lector a pasarse por el video y ver que onda, pero en este caso si no ven Little Miss Sunshine se convertirían automáticamente en infelices petes sin vida.

Puntaje 8.7